Ni Fama ni Cronopio

Quisiera ser una esperanza, pero soy desastrosa y maniática. Me quedé entre los cronopios y famas. También periodista venezolana y groupie del surrealismo.

May 4, 2014 at 6:25pm
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Tehran

4:59pm
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Matt Lambert tomó el Instagram de Dazed Magazine. Eye candy!  

PD: Hany Kauam lo quiso intentar, pero no ganó.

April 15, 2014 at 11:06pm
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Milla como elemento

Still of Milla Jovovich and Ian Holm in The Fifth Element (1997) dir. Luc Besson

Milla como elemento

Still of Milla Jovovich and Ian Holm in The Fifth Element (1997) dir. Luc Besson

(via vueloenalphas)

April 14, 2014 at 8:55pm
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El candidato del Rey

El presidente banana lo ha hecho de nuevo  

 

Después del incidente de la espuma y la sangre, sorteó mil obstáculos más hasta llegar a las próximas elecciones de su patria. 


¡Por supuesto que el rey tiene candidato! Nada más y nada menos que un pajarraco. Un perico feo y parlanchín que repite patria, patria, patria, patria y patria por más de cuatro horas.  

Temen que de tanto hablar le salga un absceso en la pelvis. Que le caigan las plumas. Pero, ¡oh, que cuando el pajarito canta no hay quien no le quiera escuchar! ¿Será que vuelven a ganar?


           

April 2, 2014 at 11:02pm
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ART: Invasive Ant Art Installations by Rafael Gómezbarros

This is equally terrifying as it is oddly amusing. Since 2007, sculptor Rafael Gómezbarros has brought his invasive swarm of giant ants to public buildings of his native Columbia.

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11:01pm
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Brindemos por calles espumantes

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En la república del pez banana muere gente todos los días. Se estima que la guadaña cobra nuevas víctimas cada 28 horas. Que si se suman todos los minutos de silencio de los últimos años, la nación dejará de hablar, al menos, por 15 días. Todavía -aunque no cesan de intentarlo- no nos callan en esta república banana.

Desde hace algunos meses, el país anda con las ropas sucias. Algunas damas, siempre mozas y educadas, trataban de tapar con accesorios las manchas que la falta de jabón no les permitía sacar. Las pobres, ante la posibilidad de terminar como un arbolito de navidad, tuvieron que resignarse y terminaron de convertir sus prendas en obras a lo Pollock -si de algo no se puede quejar esta república, es falta de creatividad. ¡Todo tiene solución!-

Se hicieron investigaciones, llamaron a detectives, se apuntaron dedos a la villana Procter & Gamble… nada. No se podía entender dónde estaba la fuente de la fuga de jabón. Los anaqueles vacíos se llenaban con perrarina. Quizás, una broma cruel de quienes hablan de los de los años de teteros hechos con comida para perro. Los ecologistas hicieron fiesta y empezaron a regar sus recetas orgánicas para un eficiente lavado de la ropa. Todos los seguimos; eran buenos para dar nuevas fragancias, ¡pero ninguna esencia lograba sacar los restos de salsa en las faldas!

Y cuando nos dimos por vencidos y decidimos exportar el estampado, un cambio de estación resolvió nuestro misterio. Tantas muertes debían limpiarse. Como no llovía, fuimos todos ignorantes de la situación; la verdad es que todo este tiempo estuvimos caminando sobre montañas de jabón.

El miércoles pasado se puso gris y en la casa presidencial hacían fiesta. En la calle nadie era capaz de conectar ambos hechos. Todo transcurría con su falsa normalidad, hasta que empezaron a caer las gotas al suelo. Avenidas enteras se llenaron de espuma. Las burbujas subían hasta las ventanas de los carros, la ciudad se convertía en un gran autolavado.

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¡Aquí es donde siempre estuvo el jabón! El gobierno quería limpiar la sangre de tanta muerte, así que ordenó hacer una compra masiva de esta máquina de burbujas. Luego, mientras todos dormían, creó la Misión Dispersión y sigilosamente llenó el pavimento y alcantarillas de las ciudades con detergente. Ya nadie podría decirle al presidente banana que la sangre manchaba su gestión. “¡Aquí todos estamos limpiecitos como un sol!”, repetía con una mueca incomprensible, cada vez que alguien decía que el expediente y acciones de su gabinete estaban sucias de sangre inocente. Finalmente entendimos.

Puede que algún desesperado haya tratado de bajar de su casa con una cesta llena de ropa, pero todos sabemos que con agua sucia y llena de ciudad no se lava nada. Ahora, estamos enjabonados, pero la sangre no se fue a ningún lado. Parecemos vino espumante. ¡Salud!

March 24, 2014 at 9:38pm
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Paz-cado


En un lugar escondido de la Costanera Sur, en Buenos Aires, detrás de una central termoeléctrica que abastece de energía a gran parte de la ciudad, varios pescadores se juntan entre los escombros. Tiran sus líneas y esperan el pique de dorados y bogas que aprovechan las aguas cálidas y turbias

Todos los días, en la planta termoeléctrica de Costanera Sur, la más grande de la Argentina, a metros de la villa Rodrigo Bueno, un grupo de 25 a 30 hombres se junta a pescar. Los sábados y los domingos son muchos más. El agua caliente de la central que alimenta sus turbinas con fuel oil y gasóleo atrae dorados, bogas y surubíes. Cada uno tiene su teoría de dónde es mejor ubicarse para conseguir las presas. Algunos consiguen ahí la comida del día. Muelen lo que sacan y hacen empanadas. También están quienes fríen los peces o los hierven y los aderezan con salsa blanca. Otros dicen que ni locos comerían esos pescados.

Gustavo Laskier. Mayo, 2012

Así va la crónica más corta -viene con video- que he visto en Revista Anfibia. 

Ahora, piense en el pez como la metáfora. Créase que está en Caracas. Una ciudad que ya duele cada vez que se la escucha. Que se debate entre no digamos dos, sino tres grupos, en mitad de montones de basura y árboles que se esfuerzan por no entender nada de la disputa. Piense que el río se trata de el Guaire y que los pescadores son los caza-oportunidades.

La Caracas que recibió a 2014, tiene una población pescadora interesante, pero llena de discursos dolorosos. En esa Caracas, la lectura de los intelectuales de otras décadas me ofrece más consuelo que escuchar a los contemporáneos. Seguro sonaban igual, pero bajo el filtro del surrealismo y la creación, no como ganancia, sino como discurso de la existencia, sí merecen oídos atentos.

Aquí hay bagres y hay muchos dispuestos a comerlos. A pescarlos, a buscar a las garzas que parecieran confundidas cada vez que se posan sobre el río Guaire. A todas me las comería con salsa blanca. Pasa que hay dolientes por todas partes y otros que prefieren negar el dolor frente a cualquier cosa.

Que nunca me he sentido más cercana al pensamiento de Garmendia, que cuando pienso en muchos que luchan contra un régimen que oprime el movimiento de ideas; pero se entregan a la opresión de un sistema laboral que te obliga a aceptar la corbata -o tacones-, sin cuestionar que la represión viene de todos lados.

Que citan a Caupoalicán Ovalles, y ese pobre socialista, en pro de la revolución cubana, debe sufrir espasmos de cadaver cada vez que alguien vuelve a decir: “Duerme usted, señor Presidente”. Esa visión se niega a comerse el pez y se entrega a morir de hambre por una dignidad que no conversa con nadie.

Están los otros, pescadores de río. Casi almas inocentes, pero jamás dignas de lástima. Ellos llenaron sus cuerdas de navajas. Le pusieron veneno a los anzuelos y tragan lo que pescan. Pasa que juegan a una guerra perpetua, pero nunca invitaron a sus contrincantes al juego. Se dedicaron al ataque. Al viaje del héroe. Se olvidan de que Ítaca es la muerte. Están enfrascados en un viaje suicida, convertidos en un auto-bomba listo para explotar por meros fundamentalismos. Son los menos libres de toda la banda.

A mí me pasa que extraño lo que no existe. Veo a un grupo de artistas que se resigna a no trabajar, o que se ofende si se les pide parar. Una intelectualidad que pareciera sentirse completamente negada o aislada de la realidad que vive. Pienso en la “Necrofilia” de Contramaestre.

En las ficciones, ahora tan burladas en Internet, de Sardio, El Techo de la Ballena y la República del Este. Leo los cuentos de Miyó, escondiendo panfletos comunistas en su carro. Veo a músicos venezolanos haciendo promoción para dar un concierto en las calles. Los veo ofendidos y abrumados porque los pescadores y los negados no los quieren en ningún lado.

Me repugno y pienso que no aman al arte. Esta ciudad esnobista pasó a preferir el dinero hace mucho tiempo. Nadie quiere comerse el pez, ni pescarlo, ni asquearse. Todos quieren montar el puesto de empanadas. Todos quieren la promoción y yo quiero la obra con moscas y vísceras por el suelo. Yo quiero a los dadaístas, a los groseros, a los alcohólicos y a los surrealistas. A los que dejaban un mensaje antes de empezar a medir su impacto social en las redes -foros espantosos para convertirnos a todos en críticos-.

Quiero paz-cado.

March 23, 2014 at 12:52pm
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Wang Xingwei

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Wang Xingwei

March 22, 2014 at 10:36pm
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Listen to a brief history of techno music with Nick Paumgarten and his musical guide Will Calcutt: http://nyr.kr/1nHvAAW

La breve historia del Techno por maestros narrativos. 

March 18, 2014 at 11:40pm
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Desesperanza aprendida y duda

Frente a toda incertidumbre, existe un mecanismo de defensa llamado desesperanza aprendida. Consiste en ese esfuerzo pre-meditado por rechazar la idea de cualquier escenario favorable, como consecuencia de alguna acción que implique riesgo. Los escenarios de la desesperanza aprendida son una meta clave en cualquier gobierno de corte autoritario.

A principios de febrero de 2014, una revuelta que respondía a problemas de inseguridad empezó en Táchira, para seguir avanzando por el resto del país y escalar hasta la capital. 29 muertos, miles de detenidos y cientos de heridos se convierten en el precio de una situación que, sobre cualquier cosa, podemos llamar impredecible.

 La lectura de cuanta información de ídolos y expertos en la materia se convierte en necesidad. Es casi como crear un oráculo con las mentes que se consideran brillantes, esperando encontrar un “qué pasará”. El asunto está en que los mejores analistas no podrían adivinar el fin de unos sucesos que están más llevados por las pasiones que por la lógica -de ahí que extrañemos tanto a Manuel Caballero, cuando hablaba del Desbordamiento de las Pasiones-. El mecanismo de defensa baila. A veces toma fuerza y otras, se hace débil.

La lectura más franca fue un tweet sobre un periodista extranjero, quien, a su llegada a Venezuela escribe: “No sé exactamente cuál es el desenlace, pero definitivamente algo aquí va a cambiar”.

La falta de medios hace de todo un reto más interesante: cazar el caso de realidad entre las mentiras, los laboratorios de mentira (?), la paranoia, las ganas de creer y la negación. Aquí cualquier teoría conspiracional vale. Se crean nuevos diccionarios sobre enfrentamiento y todo se experimenta en portales en los que, para buena o mala suerte, tienen algo para satisfacer a cada consumidor.

El desesperanzado encontrará joyas. El radical sabrá de donde sacar aliento para radicalizarse más. El indiferente siempre tendrá de donde comer en Internet y el resto se informa por el tan divino boca a boca. Una versión del telefonito en la que toda historia se adorna con los juicios de valor de quien las cuenta, y se descarna en los oídos de quien será su más próximo relator. -Mc Luhan estaría haciendo fiesta de estudiar los fenómenos comunicacionales de esta revuelta-.

Aquí han matado a niñas imaginarias en enfrentamientos, pero también han rodado golpes tan secos que duele verlos. Los insultos están a la vuelta de la esquina, dejando a los indecisos como los más salpicados. ¡El espacio perfecto para el crecimiento del desesperanzado!

Una víctima de las estrategias del gobierno de corte totalitario. Pero, también, el más sensato de la partida. El pobre desesperanzado será tildado de cobarde en innumerables escenarios dentro de un conflicto como el que atraviesa Venezuela. De hecho, lo es. Pero así como se pide a muchos que no culpen al adoctrinado, sería injusticia condenar al que no ha encontrado otra bandera más que rendirse ante el pesimismo. Ese pobre ya carga con los hombros bajos y no encuentra consuelo en ningún movimiento. Además, ahora, debe llevar el peso de no ser aceptado en ningún bando. Más le vale el silencio para tener buenos encuentros.

En la mañana estaba caminando cerca de mi casa. Un barrendero de la calle, entre bonachón y coqueto, empieza una conversación. Me cuenta que ayer se le fue el día cazando aceite en el mercado. Cuando vuelve a barrer, aparece su supervisora y riñen. La supervisora no le quiere pagar el día por no estar presente en su puesto de trabajo. El mulato me cuenta que ha buscado a su esposa; una oriental de metro ochenta y más de 110 kilos.

Poco le importa que la jefa infiera que la mujer le pega. Por ahora, le interesa que la intimide a ella. Mulato suertudo. No sólo logró que no le descontaran el día, sino que ahora le firmarían de una vez el pago de la jornada siguiente. Yo no entiendo a qué viene todo. Me quedo en que es un acusoneto, en que admite que no hay problema en que la mujer le pegue. Pero, sobre todo, en que pasó el día cazando aceite. Ahí lo veo todo: me gusta creer que vivo desesperanzada, pero quiero fijarme en que este señor, que recoje basura todos los días y pasa colas por las protestas, está más pendiente de cazar aceite que de admitir su hombría.

Soy demasiado idealista para ser una desesperanzada. Eso sí, tengo la duda como credo. Dudo de los lados correctos de las historias, de las esperas, de las acciones y de las intenciones. Pero no por eso abandono a las expectativas. Al final, sólo tengo certeza de una cosa: no sé exactamente qué es lo que está cambiando, pero hay algo que lo hace de manera definitiva.

Supongo que no peco si espero que el cambio consista en dejar de cazar aceites y preocuparme por el mulato que sufre por los efectos de la violencia de género.