Ni Fama ni Cronopio

Quisiera ser una esperanza, pero soy desastrosa y maniática. Me quedé entre los cronopios y famas. También periodista venezolana y groupie del surrealismo.

August 20, 2014 at 11:05pm
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La historia del despecho

Desde que tengo mediano uso de razón, me he sentido algo expatriada. Venir del trópico suele traer una especie de sabrosura, mezclada con jolgorio y viveza, que he aprendido a simular, pero realmente no tengo. No soy buena para hablar. Tengo muchos hilos y sólo sé coser con los dedos; mi lengua y mi boca no se hicieron para tanto griterío. 

En la adolescencia, fui de esos que decían que no importaba el destino, todo era mejor que Venezuela. Lloraba para que, como muchos compañeros, después de unas inventadas vacaciones me dejaran en algún lugar remoto, donde ser invisible y escribir todo el día fuera posible. 

Aún no me enamoraba del plátano, tampoco del queso blanco. No entendía que no hay nadie como Simón Díaz para aullarle a la luna con una tonada. No agradecía ese corredor divino y andino de montaña, que aunque alta, no logra separarme por mucho del mar. Era suertuda en mi ignorancia, porque no sabía lo que es que te rompan el corazón. 

Siempre he sido testaruda con esa idea de que acá no está mi destino; y aunque varias veces me señalaran que yo no mostraba indicios reales de buscar mi salida, permanecía convencida de que la patria me exasperaba. Me destripaba.  

Ya comenzaba a admitir que me mataban nuestros acentos y me sonrojaba con esas palabras que son sólo nuestras, pero tuve que encontrarme de frente con la infidelidad para darme cuenta de que estaba enamorada. Como buena bullyada, me tocó aprender a aceptar insultos que me costaba comprender. A mi novio/patria le había secuestrado el lenguaje una zorra que se llamaba Socialismo del Siglo XXI. Como buena puta, ella/él/eso no aceptaba un diálogo distinto y por mis posturas, me maltrataba.

Me alejó de mis amigos, me prohibió salir o vestirme como me diera la gana: “Nada muy llamativo”, claro, en esas relaciones de abuso el que tiene el poder no puede permitir que su pareja sea admirada por otros. Y Entonces me resigné a verme siempre discreta, a no tener con quien salir cuando nos peleábamos el país y yo. A no pasar mucho tiempo fuera de casa. Sí, me sentí encerrada, pero llevando los morados a cuestas, con la esperanza de que la relación terminaría porque yo tengo el poder de cortar con ella, aunque me separe del queso y del plátano -nunca de Simón, que lo quiero tanto-.

Pero no fue el Socialismo del Siglo XXI la herida más dolorosa de esta relación; sino el encuentro de cómo le coqueteaba Venezuela a las otras. Cómo los mexicanos se burlaban de quienes morían en los enfrentamientos armados -producto de la protesta, porque ya estaban conquistados con regalos y promesas. Como los argentinos hablaban maravillas de los regalos que mi país le hacía a Gaza. Ahí me puse realmente celosa. No sabía cómo decirles que mi amor y ese Socialismo no eran lo mismo. Sabía que me iban a tildar de estúpida. Pero es que los celos me estaban matando, porque sabía que en medio de tanto regalo para afuera, lo de adentro se moría de hambre.

Como toda amante engañada, entendí cuán grande era mi amor, que aceptaba la muerte de otros sin decir mucho. Que salía corriendo a comprar un desodorante, o acetona, si los encontraba -bueno, siempre me quejaba, pero lo asumía y ya- desesperada por la incertidumbre de no verlos de nuevo. Que vivía con el celular escondido, apretado en contra del cuerpo y sin posibilidad de salir a ver el sol. Descubrí cuanto quería y a qué renuncié por mantener mi idilio con la montaña Cuando quise gritar: “Imbécil, si tuvieras la mínima idea de lo que dices, te cortarías la lengua”, y empecé a enumerar todas las penurias, y descubrí que llegó el triste momento de decir que esta no es mi casa y que aunque amo por siempre -porque el amor real no se acaba-, nuestra relación debe terminar. 

Me duele el pecho, pero ya no quiero seguir llorando hermanos muertos y justicias tuertas. Espero que esta despedida no sea larga, pero ahora que me dices que ya no habrán más distancias de forma entre tú y Cuba, sé que llegó el momento de dejarnos, amorcito de mis amores. 

August 3, 2014 at 9:20pm
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Cinco escándalos de corrupción militar en Venezuela

Este es mi rifle, hay muchos más así, pero este es mi rifle. Mi mejor amigo. Mi vida. Debo dominarlo así como domino mi vida. Sin mí, mi rifle es inútil. Sin mi rifle, yo soy inútil. Debo dispararlo y debo hacerlo con más firmeza que la de mi enemigo, que me está matando. Debo dispararle antes de que me dispare. Lo haré. Ante Dios y ante esta tropa juro que mi rifle y yo defenderemos a nuestra patria. Somos los maestros de nuestros enemigos, somos los salvadores de mi vida. Que así sea, hasta que ya no existan más enemigos. Pero en paz. 

Amén

                                                                                  Full Metal Jacket

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Así rezaban los pobres soldados rasos de la cruenta película en la que Kubrick nos enseñó el poder y honor que puede implicar para algunos la palabra milicia.

Venezuela, país militarista por excelencia, no enfrenta una guerra contra otras fuerzas desde hace décadas. Sus enemigos están en sus propios fuertes. Aquí un recuento de cinco casos en los que no hubo lealtad entre rifles o patrias. Sólo dinero y verdes.

Puertas abiertas

En 2005, el ex-presidente, Hugo Chávez despedía a los cuerpos extranjeros, que ayudaban a mantener el control del tráfico de drogas en Venezuela. Chávez les acusaba de inmiscuirse en los asuntos internos del país. 

Oh, Makled!

De familia siria, conocido como “El Turco Makled”. Uno de los cinco narcotraficantes más buscados en el mundo. Walid Makled fue capturado en Colombia en 2010, y aunque no llevara un uniforme de camuflaje, fue mucho lo que tuvo que decir acerca de quienes sí lo hacen. 

Afirmar que las FARC trabaja en Venezuela no tiene nada de sorpresivo. Que Hezbollah lleve actividades en el país, tampoco. Pero que un narcotraficante, enriquecido por sus afiliaciones con el gobierno lo cante a viva voz, y en televisión internacional fue, definitivamente, algo impactante.

Makled, a cambio de una menor condena, confirmó las sospechas de muchos venezolanos y no le tembló el pulso al momento de declarar por Univisión que poseía una nómina de militares, a quienes pagaba por obtener sus servicios. 

Cocaína a La France

El descaro se hizo insolencia y colmó las noticias en septiembre de 2013. Nada de buques, mulas o fronteras. 1.3 toneladas de cocaína llegaron desde el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar hasta tierras francesas. El Ministro de Interiores de Francia aseguró que esta era la mayor cantidad de droga que entraba por esta vía a su país.

23 personas fueron detenidas por este crimen, cinco de ellos eran militares. En medio del boom mediático que implicó esta nueva detención, El Nacional señalaba que en un año, se habían capturado al menos 19 envíos de drogas desde Venezuela.

Tráfico entre Familia

Mientras, a principios de este año, muchos militares se enfrentaban a protestantes enfurecidos con la actual gestión de gobierno venezolana, el Coronel Martín Caballero atravesaba la noche merideña en su camioneta. Llevaba media tonelada de cocaína a cuestas.

Lo acompañaban su esposa e hija al momento de ser detenido por una alcabala, cerca de la frontera Colombiana. Según las noticias, el destino de la droga era el estado de Valencia.

"El Pollo" le da entrada a todo el mundo

Es difícil medir qué fue más controvertido; su detención o liberación. El General Hugo Carvajal -mejor conocido como El Pollo Carvajal- ha estado en boca de todos en las últimas semanas. 

De él se dice que es uno de los más fuertes nexos entre los rebeldes colombianos y la milicia venezolana. Se sabe que en más de una ocasión ha otorgado refugio, permisos y papeles a guerrilleros extranjeros en Venezuela. También, que ha frustrado procesos de incautación de drogas en el interior del país.

Para evitar escándalos, su posición dentro de ministerios y cuerpos de las fuerzas armadas ha cambiado en más de una ocasión. Fungía como director de la Dirección General de Contrainteligencia Militar cuando fue capturado en Aruba.

Los buenos, los malos y los secuestradores

Este jueves, el Cuerpo de Investigaciones Penales y Criminalisticas (Cicpc) se enfrentó a una banda de secuestradores,  que se hallaba en medio de un secuestro exprés. Dos sargentos de la Guardia Nacional, que fueron abatidos en el encuentro, eran miembros del grupo.


May 4, 2014 at 6:25pm
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Tehran

4:59pm
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Matt Lambert tomó el Instagram de Dazed Magazine. Eye candy!  

PD: Hany Kauam lo quiso intentar, pero no ganó.

April 15, 2014 at 11:06pm
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Milla como elemento

Still of Milla Jovovich and Ian Holm in The Fifth Element (1997) dir. Luc Besson

Milla como elemento

Still of Milla Jovovich and Ian Holm in The Fifth Element (1997) dir. Luc Besson

(via vueloenalphas)

April 14, 2014 at 8:55pm
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El candidato del Rey

El presidente banana lo ha hecho de nuevo  

 

Después del incidente de la espuma y la sangre, sorteó mil obstáculos más hasta llegar a las próximas elecciones de su patria. 


¡Por supuesto que el rey tiene candidato! Nada más y nada menos que un pajarraco. Un perico feo y parlanchín que repite patria, patria, patria, patria y patria por más de cuatro horas.  

Temen que de tanto hablar le salga un absceso en la pelvis. Que le caigan las plumas. Pero, ¡oh, que cuando el pajarito canta no hay quien no le quiera escuchar! ¿Será que vuelven a ganar?


           

April 2, 2014 at 11:02pm
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ART: Invasive Ant Art Installations by Rafael Gómezbarros

This is equally terrifying as it is oddly amusing. Since 2007, sculptor Rafael Gómezbarros has brought his invasive swarm of giant ants to public buildings of his native Columbia.

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11:01pm
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Brindemos por calles espumantes

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En la república del pez banana muere gente todos los días. Se estima que la guadaña cobra nuevas víctimas cada 28 horas. Que si se suman todos los minutos de silencio de los últimos años, la nación dejará de hablar, al menos, por 15 días. Todavía -aunque no cesan de intentarlo- no nos callan en esta república banana.

Desde hace algunos meses, el país anda con las ropas sucias. Algunas damas, siempre mozas y educadas, trataban de tapar con accesorios las manchas que la falta de jabón no les permitía sacar. Las pobres, ante la posibilidad de terminar como un arbolito de navidad, tuvieron que resignarse y terminaron de convertir sus prendas en obras a lo Pollock -si de algo no se puede quejar esta república, es falta de creatividad. ¡Todo tiene solución!-

Se hicieron investigaciones, llamaron a detectives, se apuntaron dedos a la villana Procter & Gamble… nada. No se podía entender dónde estaba la fuente de la fuga de jabón. Los anaqueles vacíos se llenaban con perrarina. Quizás, una broma cruel de quienes hablan de los de los años de teteros hechos con comida para perro. Los ecologistas hicieron fiesta y empezaron a regar sus recetas orgánicas para un eficiente lavado de la ropa. Todos los seguimos; eran buenos para dar nuevas fragancias, ¡pero ninguna esencia lograba sacar los restos de salsa en las faldas!

Y cuando nos dimos por vencidos y decidimos exportar el estampado, un cambio de estación resolvió nuestro misterio. Tantas muertes debían limpiarse. Como no llovía, fuimos todos ignorantes de la situación; la verdad es que todo este tiempo estuvimos caminando sobre montañas de jabón.

El miércoles pasado se puso gris y en la casa presidencial hacían fiesta. En la calle nadie era capaz de conectar ambos hechos. Todo transcurría con su falsa normalidad, hasta que empezaron a caer las gotas al suelo. Avenidas enteras se llenaron de espuma. Las burbujas subían hasta las ventanas de los carros, la ciudad se convertía en un gran autolavado.

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¡Aquí es donde siempre estuvo el jabón! El gobierno quería limpiar la sangre de tanta muerte, así que ordenó hacer una compra masiva de esta máquina de burbujas. Luego, mientras todos dormían, creó la Misión Dispersión y sigilosamente llenó el pavimento y alcantarillas de las ciudades con detergente. Ya nadie podría decirle al presidente banana que la sangre manchaba su gestión. “¡Aquí todos estamos limpiecitos como un sol!”, repetía con una mueca incomprensible, cada vez que alguien decía que el expediente y acciones de su gabinete estaban sucias de sangre inocente. Finalmente entendimos.

Puede que algún desesperado haya tratado de bajar de su casa con una cesta llena de ropa, pero todos sabemos que con agua sucia y llena de ciudad no se lava nada. Ahora, estamos enjabonados, pero la sangre no se fue a ningún lado. Parecemos vino espumante. ¡Salud!

March 24, 2014 at 9:38pm
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Paz-cado


En un lugar escondido de la Costanera Sur, en Buenos Aires, detrás de una central termoeléctrica que abastece de energía a gran parte de la ciudad, varios pescadores se juntan entre los escombros. Tiran sus líneas y esperan el pique de dorados y bogas que aprovechan las aguas cálidas y turbias

Todos los días, en la planta termoeléctrica de Costanera Sur, la más grande de la Argentina, a metros de la villa Rodrigo Bueno, un grupo de 25 a 30 hombres se junta a pescar. Los sábados y los domingos son muchos más. El agua caliente de la central que alimenta sus turbinas con fuel oil y gasóleo atrae dorados, bogas y surubíes. Cada uno tiene su teoría de dónde es mejor ubicarse para conseguir las presas. Algunos consiguen ahí la comida del día. Muelen lo que sacan y hacen empanadas. También están quienes fríen los peces o los hierven y los aderezan con salsa blanca. Otros dicen que ni locos comerían esos pescados.

Gustavo Laskier. Mayo, 2012

Así va la crónica más corta -viene con video- que he visto en Revista Anfibia. 

Ahora, piense en el pez como la metáfora. Créase que está en Caracas. Una ciudad que ya duele cada vez que se la escucha. Que se debate entre no digamos dos, sino tres grupos, en mitad de montones de basura y árboles que se esfuerzan por no entender nada de la disputa. Piense que el río se trata de el Guaire y que los pescadores son los caza-oportunidades.

La Caracas que recibió a 2014, tiene una población pescadora interesante, pero llena de discursos dolorosos. En esa Caracas, la lectura de los intelectuales de otras décadas me ofrece más consuelo que escuchar a los contemporáneos. Seguro sonaban igual, pero bajo el filtro del surrealismo y la creación, no como ganancia, sino como discurso de la existencia, sí merecen oídos atentos.

Aquí hay bagres y hay muchos dispuestos a comerlos. A pescarlos, a buscar a las garzas que parecieran confundidas cada vez que se posan sobre el río Guaire. A todas me las comería con salsa blanca. Pasa que hay dolientes por todas partes y otros que prefieren negar el dolor frente a cualquier cosa.

Que nunca me he sentido más cercana al pensamiento de Garmendia, que cuando pienso en muchos que luchan contra un régimen que oprime el movimiento de ideas; pero se entregan a la opresión de un sistema laboral que te obliga a aceptar la corbata -o tacones-, sin cuestionar que la represión viene de todos lados.

Que citan a Caupoalicán Ovalles, y ese pobre socialista, en pro de la revolución cubana, debe sufrir espasmos de cadaver cada vez que alguien vuelve a decir: “Duerme usted, señor Presidente”. Esa visión se niega a comerse el pez y se entrega a morir de hambre por una dignidad que no conversa con nadie.

Están los otros, pescadores de río. Casi almas inocentes, pero jamás dignas de lástima. Ellos llenaron sus cuerdas de navajas. Le pusieron veneno a los anzuelos y tragan lo que pescan. Pasa que juegan a una guerra perpetua, pero nunca invitaron a sus contrincantes al juego. Se dedicaron al ataque. Al viaje del héroe. Se olvidan de que Ítaca es la muerte. Están enfrascados en un viaje suicida, convertidos en un auto-bomba listo para explotar por meros fundamentalismos. Son los menos libres de toda la banda.

A mí me pasa que extraño lo que no existe. Veo a un grupo de artistas que se resigna a no trabajar, o que se ofende si se les pide parar. Una intelectualidad que pareciera sentirse completamente negada o aislada de la realidad que vive. Pienso en la “Necrofilia” de Contramaestre.

En las ficciones, ahora tan burladas en Internet, de Sardio, El Techo de la Ballena y la República del Este. Leo los cuentos de Miyó, escondiendo panfletos comunistas en su carro. Veo a músicos venezolanos haciendo promoción para dar un concierto en las calles. Los veo ofendidos y abrumados porque los pescadores y los negados no los quieren en ningún lado.

Me repugno y pienso que no aman al arte. Esta ciudad esnobista pasó a preferir el dinero hace mucho tiempo. Nadie quiere comerse el pez, ni pescarlo, ni asquearse. Todos quieren montar el puesto de empanadas. Todos quieren la promoción y yo quiero la obra con moscas y vísceras por el suelo. Yo quiero a los dadaístas, a los groseros, a los alcohólicos y a los surrealistas. A los que dejaban un mensaje antes de empezar a medir su impacto social en las redes -foros espantosos para convertirnos a todos en críticos-.

Quiero paz-cado.

March 23, 2014 at 12:52pm
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Wang Xingwei

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Wang Xingwei