Ni Fama ni Cronopio

Entre chingos y sin narices, está lo que yo digo

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La muerte asistida

Cada quien mira a las esquinas, de reojo; nadie quiere ver el espectáculo a la cara. Los brazos cruzados. Música de amor, pero asisten a un velorio. Más que a un velorio, van a una muerte asistida. El paciente débil hace pequeños movimientos para rechazar la inyección. El corazón no quiere dejar de palpitar.

Mientras, los invitados le dan una sonrisa condescendiente a esta pobre criatura que no entiende porqué es sometida a la tortura. Saben que sus miradas suplicantes atormentarán sus conciencias en los próximos días, semanas y meses. La veían dar sus últimas patadas, pero se agarraban las manos para no hacer ningún gesto que detuviera el asesinato. 

Afuera, unos vitoreaban, y aún así se escuchaba y se sentía en la atmósfera la desaprobación. Esa conciencia que se traduce en las caras de testigos que mil veces advirtieron el error. De fondo, invocaban a otro muerto que pereció como títere de unos maestros del drama. Hoy le llaman héroe, pero en sus últimos minutos era una carta. Todos en la sala lo saben.

Por un instante, uno de los presentes mira al otro, casi esperando que se levante y quite la jeringa. Con la mirada dice “yo te apoyaré”. Pero nada, este asesinato debe hacerse y ellos están ahí para decir que estuvo bien, que era necesario.

La pobre mira al techo, a la lámpara. Parece que busca la luz al final del túnel. Tiembla, se retuerce. Extiende la mano y se desarma en lágrimas. La pobre está amarrada y ya comienzan a decirle las últimas palabras que escuchará en su vida.

Aprieta los dientes y como si se tratara de la secuela de Romeo y Julieta, cierra los ojos en un dramático gesto. Lo que no saben los presentes es que los han engañado; esto no es muerte, han asistido a un adormecimiento. Y en medio de esta trampa, fueron desprestigiados por desalmados. 

Se escucha un ritmo latino, con congas, trompetas y compases deliciosos al fondo. Es para ellos, piensan que les aplauden y en ese momento comienzan a entender la letra. Les cantan “Mentira fresca”.

Al salir tendrán que enfrentar miradas de plomo. Sí fue una muerte asistida, pero no la de la democracia, la de su imagen. El acto ficticio lo armaron ellos para enredarse en una trampa que los dejó colgados al borde de un abismo. Queda en el plomo de las miradas dar el último empujón. 

No morirán tan rápido como su títere. Antes tendrán que presenciar el regreso de la víctima que tanto les suplicó. La democracia como valor escupirá en sus caras. Su saliva derretirá el botox argentino, cortará los genitales de violadores nicaragüenses, y no quiero ni contar lo que hará con los traidores de su patria. 

En ese momento, al borde la nada, recordarán su mirada suplicante y se arrepentirán de hacerse los sordos ante el impulso que les imponía gritar para detener ese espectáculo. Ahí se escuchará de nuevo “Mentira fresca”.

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Saudade y flâneur

Aquí la vida se define en cuantos paquetes de harina caben el brazo y lo que permanece como garantía es esa palabra en portugués, que no tiene traducción: saudade. Esa nostalgia que te remite al par de piernas llenas de llagas que se tuestan al sol para conseguir un poco de compasión. Pasa que ya de esa no queda, que hay otras llagas supurando en la cabeza, en un banco de una plaza con adoquines despedazados. 

Llegó un camión de pollos, esos pájaros que hoy se convierten en maná. Me pregunto de qué se llenan las polvorosas que me venden en la calle, pero entonces me distraen el par de piernas purulentas. Ya no puedo pensar en comida. Me duele la barriga.

Entonces, las casas están rotas. A ese papá de la esquina, tan amigo, lo perseguían y tuvo que salir. Para pasar el rato, todos teorizan qué sucede con el gordito verrugón.

Digo: ¿Quién tiene pega para la casa?

Mamá se está volviendo loca porque los niños se fueron. No hay harina.  Tampoco alguien que quiera sus arepas. Ahí nos aferramos a recuerdos: “Antes todo era mejor”. Las llagas están por explotar y la panza está convertida en una masita llena de llanto que se reprime y se convierte en nubarrón.

Cuando se trata de saudade, pasa esta cosa que no es precisamente llorar lo que quieres hacer. Las lágrimas están estreñidas como si te tomaras un frasco de astringente.

Me pasa que cuando pienso en todo eso, me da por caminar sin rumbo. Mentira, puede existir un rumbo, pero no hay propósito en la caminata. Sólo perderse entre la muchedumbre que termina traducida en pensamiento. Ahora, los franceses tienen palabra para eso: flâneur


Esos que consiguen sosiego en la caminata citadina, que mantiene una vitrina como templo que le da consuelo al alma. El que lo practica no tiene intensiones de realizar ningún tipo de compra, tampoco es una caminata lenta que contempla. Al menos no es precisamente el entorno lo que se contempla, pero sí se necesita. Hacen falta lugares concurridos, ruido y caos para que la práctica del flâneur sea efectiva.

Una vez dije que Caracas no está hecha para este tipo de rito. No había descubierto que cuando urge caminar sin rutas, no importa si la acera está rota, o si la moto se atraviesa. Lo que se necesita es la bulla. Pero cuando se aparecen las piernas apostadas en mitad de la calle, cuando la gente corre detrás de los pollos muertos, la magia se rompe y ya no hay caminata que distraiga de una harina que no quiero.

El sitio se convierte en el ciclo del huequito en el estómago.

Comienzo a descubrir que esa imagen me da miedo, y este lugar me asusta porque es eso: llagas en las piernas. Yo necesito caminar, por mucho que me guste el trópico y los mil metros sobre el mar que tienen al lado una playa.

 

 

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Hans qué diría

Desde el otro cuarto se escucha : “No escuchaste el chiste: hasta los meteoritos que cayeron en Rusia están en video, llega Chávez y no hay ni un vergatario en el camino que tome la foto”. Pienso en Vladimir Villegas que hoy escribía en El Nacional “Es la economía, estúpido”. 

Sigo escuchando, resulta que esta situación de no saber nada -juego preferido del Estado- nos tiene a todos en teorías que tendrán mucho de verdad y mucho más de rumor… “Chávez vino porque van a lanzar un corralito, pero sería una daga en el pecho que lo saque Maduro sin que este hombre lo respalde”. Suspiro. De nada sirve que me queje de que mi casa se convierta en eco del rumor. Igual va a pasar, yo sólo seré una escéptica que arrebata la poca diversión que le queda a todo hogar venezolano (el chisme). 

“Resulta que quieren un conflicto para quitar las garantías. Ahora si van con todo contra la empresa, pero el llamado va a ser al saqueo. Van a culpar a las empresas de la crisis e invitarán a la invasión”. (Cabe acotar que todo esto viene con el ritmo del “vos sabeis”, porque esta es casa marabina) A mí ya me entró la indigestión y recuerdo que justo hoy revisaba un libro de entrevistas, mientras estaba de camino al trabajo. Con este tipo de libro, me doy el lujo de no leer de principio a fin; empiezo por la última entrevista, abro y leo la del nombre que me provoque. Hoy caí en Hans Neumann y en un momento como este, no me puedo creer que sea casualidad. 

Acá transcribo la entrevista que me hace sentir en un deja vú (eso sí, dentro de un país de oro que todavía no se venía a menos). Es larga, pero prometo que no hay pérdida en dedicarle unos minutos y trabajar en comparaciones.  

Bernardo Fischer 4 de junio de 1984

Para Hans Neuman, presidente de la Corporación Industrial Montana (Corimon) el reto más difícil que tiene planteado el gobierno es devolver la confianza en el país. Es una tarea ardua porque tiene que conquistarse con una actitud permanente y que, puede perderse simplemente con dos o tres errores. Neumann, nacido en Checoslovaquia, es ciudadano venezolano desde 1952 y presidente de un considerable complejo de empresas industriales que abarcan desde el área química hasta la alimenticia. Un total de 15 firmas constituyen la base de esta familia industrial que se inició con la fundación de Pinturas Montana el 27 de junio de 1949.

Considera que en este proceso de rescate de confianza, el proceso electoral municipal ha influido negativamente para que se retrasen las decisiones necesarias que permitan ver con mayor claridad el panorama futuro. -Cosa curiosa que estamos al pie de unas elecciones de esta naturaleza-

-Hasta los momentos sólo contamos con los anuncios de las medidas, pero aún se desconocen los detalles que nos permiten analizar con mayor profundidad los ajustes planteados.  Creo que las elecciones municipales han incidido en el retardo de estas acciones ahora, pasado este proceso, espero que vengan días más tranquilos.

El presidente de Corimon medita profundamente antes de pronunciarse en torno a los enunciados gubernamentales. A su juicio, de lo poco que se conoce parece que las medidas son sensatas aunque advierte que hubo errores. 


-Uno de ellos es que se ha dicho al sector privado que su deuda exterior va a ser reconocida al tipo de cambio preferencial de 4,30 bolívares por dólar. Este decisión pareciera para algunos una condición necesaria para la recuperación del aparato económico del país pero, para otros, se trata de una simple concesión sin tomar en cuenta que los intereses que genera esa deuda externa deberán ser cancelados al cambio de 7,50 bolívares por dólar. El gobierno logró que el sector privado no obtuviera los dólares a 4,30 para la cancelación de su deuda, pero ha dado la imagen al país que sí lo ha hecho, Eso fue un error político, porque con esa decisión no quedó nadie conrforme,

Señala Neumann que al final, los empresarios van a terminar pagando su deuda al cambio de 6 bolívares por dólar ya que deben pagar intereses a lo largo de 7 años.

Indica que lo preocupante es que se prohibido el pagode esas acreencias, dejando al deudor a merced de los acreedores extranjeros. Esto lo pueden soportar las grandes empresas pero las pequeñas industrias se encuentran en una situación de franco peligro.

Equipo sin contradicciones


No obstante, Neumann considera que existen buenas intenciones en el actual equipo de gobierno, donde hay personas con diversos criterios y miran los problemas económicos desde diferentes puntos de vita, pero no existen las profundas contradicciones que existieron en el anterior gobierno.

-¿Cuándo considera usted que se inicie la reactivación económica?

-En muchos sectores ya comenzó la reactivación, debido al proceso de sustitución de importaciones que se ha desarrollados desde el 18 de febrero. Los que nunca han entendido los Chicago boys es que cuando permitían la importación de una nevera, por ejemplo, no estaban perjudicando a los fabricantes de neveras sino a una amplia gama de suplidores y pequeños industriales que servían de fabricantes de partes de esas neveras nacionales. De tal manera, que los efectos de estas importaciones de antaño se triplicaban y afectaban a toda la economía.

Pero si la reactivación se ha comenzado a sentir, para el presidente de Corimon la unificación cambiaria del bolívar es un hecho realmente lejano.

Explica que en el país siempre ha existido manipulación de las tasas de cambio a través de aranceles, subsidios directos e indirectos como desgravámenes.

-Yo no estoy seguro si a mediado plazo, el subsidio a importaciones esenciales para el país se realizará a través del dólar o si se implementarán subsidios al productor o directamente al consumidor. Lo que sí pienso es que será difícil volver a la época del libre cambio, será ahora la inflación interna el factor que determine el valor adquisitivo del bolívar.

Sin embargo, Hans Neumann advierte que este desnivel entre el dólar y el bolívar puede variar si se logra un ambiente de confianza. Explica que los venezolanos tienen en el exterior entre 15 y 20 mil millones de dólares, una cifra que es relativamente pequeña en comparación con lo que tienen otras naciones latinoamericanas en el exterior, si los dueños de estos capitales retornaran al país, solamente los interese que producen estos recursos, ingresarían entre 1500 y 2000 millones de dólares, lo cual sería una cifra suficiente para variar el precio del dólar en relación al bolívar.

Insiste en que primero deben retornar la confianza para que luego retornen los dólares al país.

-De no lograrse esto, seguiremos viendo al público comprar dólares a 15 y 16 bolívares para enviarlos al exterior, lo cual es una verdadera locura. Por otra parte, estamoscomenzando a observar el fenómeno de la adquisición de dólares para obtener dividendos con la reventa de estas divisas, lo cual es una conspiración general contra el bolívar. Indica que esto ocurre en la Argentina y espera que no se repita en nuestro país.

Reducir la burocracia: una necesidad

El presidente de Corimon ve la reducción del gasto corriente y de los funcionarios públicos como una acción positiva ya que se trata de una transferencia de mano de obra a un área improductiva a una productiva. 

-Esto no quiere decir que el sector privado esté en mejores condiciones que el Ejecutivo, pero creo que se está tratando de cambiar una tendencia donde el empleo se ha generado en el sector público y es generalmente improductivo. Es siempre mejor que la mano de obra esté en el sector privado y no en el gobierno, ya que es preferible reducir la cantidad de burócratas. Si bien es cierto que al principio va a costar dinero, este esfuerzo va a hacer que el país sea más productivo.

Recordó una anécdota que le había ocurrido recientemente


-Un visitante del exterior me comentó que es sorprendente para él que cada persona en Venezuela estuviera haciendo diligencias. Le hemos explicado que desgraciadamente estamos viviendo en un Estado donde las diligencias se convierten en el quehacer más importante de nuestra actividad diaria. Para todo hay que tener permiso, papeles, constancias y para obtenerlas hay que correr de un sitio a otro de la ciudad y en cada oficina hay que hacer largas colas, Creo firmemente que si simplificáramos el proceso burocrático, tendríamos más tiempo para trabajar y producir.

Recordó que el presidente Herrera hace más de dos años había prometido, solemne y públicamente, que dentro de seis semanas se minimizaría la permisología de construcción. Hasta ahora eso no se ha logrado porque con la burocracia no puede ni un presidente omnipotente. Considera que este mal cuesta a la nación sumas enormes e imposibles de cuantificar en dinero.


-Pero más costoso que los sueldos y gastos, es el tiempo improductivo que todos nosotros pasamos buscando oficinas, papeles sellados, haciendo declaraciones, regresando otro día. Es decir, haciendo diligencias.

 El dilema de la confianza


Para él la clave de la actual crisis es resolver ese factor sicológico que es la confianza. Asegura que los venezolanos no confían en el propio país. No tienen confianza en los políticos, ni en la propia capacidad. Cuando el país se encuentra en una situación privilegiada, existe justicia social, democracia y es un país joven donde el ingreso per cápita es superior al resto de los países de la región. Es decir, existen todos los elementos para lograr la salida a esta crisis. 

-Lamentablemente, este proceseo se ha interrumpido por las elecciones municipales. Ahora hay que volver a reiniciar el camino hacia la confianza.

Comenta que factores diversos pueden incidir en este cambio de actitud. Como ejemplo señala que el hecho de encarcelar a un ex ministro por estar acusado de corrupción es un hecho positivo, pero si se hace de esta acción un show, se está produciendo un elemento negativo que atenta contra todo el sistema imperante. Que la imagen de un país en descomposición, pero se omite el hecho de que, paralelamente, hay gente trabajadora, gente honesta que nunca ha tenido ningún tipo de percance de esta magnitud. Con actos políticos como este se lesiona la confianza que se está buscando.

-¿Qué posibilidades tiene Venezuela de colocar sus productos en mercados internacionales?


-Hasta ahora no hay intentos serios de exportación, porque no se han definido las fórmulas de cómo devolver los dólares al Banco Central de Venezuela. Existen condiciones para exportar, pero es necesario aprender a conquistar a los clientes y el mercado externo. Es un proceso largo, porque el consumidor debe tener confianza en la continuidad del suministro y ese es un proceso de años.

Asegura que existen ventajas evidentes en lo referente a productos químicos, confección, zapatos, artículos metalmecánicos por sólo citar algunos renglones.

A Hans Neumann le parece una excelente iniciativa la de General Motors con la colocación de sus productos ene le exterior. Exhorta al Ejecutivo a aprovechar la experiencia de las transnacionales para revertir la afluencia de divisas.


La entrevista sigue en el país que ya no es y el viernes negro, que tanto  parece un espejo invertido del rojo. En casa trancaron el teléfono, duermen y sueñan el chisme. Yo prefiero imaginar qué diría Neumann en este preciso momento.

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Crearse un incesto

Cuenticos de madrugada:


Vamos a admitirlo: sentía a este tipo tan libre que, desde muy pequeña, sabía que si no era él, algún día tendría que tener a un hombre así. Él se ataba a las convenciones, pero sabía muy bien como zafarse cuando le venía en gana. Nunca me sentí mal al respecto. Igual, qué importaba. Este tipo iba más allá de lo inalcanzable; acá hablábamos de una brecha generacional sin sentido.

Tendría como 14. Mi mejor amiga me había invitado a pasar el fin de semana con su familia en Higuerote. No era el mejor plan del mundo, pero seguro sería genial llegar el lunes al colegio con un bronceado envidiable. Salimos el viernes en la tarde y para la noche, una alergia asesina se apoderaba de mi siempre delicada piel. Por supuesto, tendría que llamar a casa y averiguar qué tomar. Rafael -el papá de mi mejor amiga y objeto de mis más oscuras fantasías - me prestó su teléfono. 

 La mala costumbre de revisar cualquier teléfono terminó con esa inocencia de creer que los matrimonios con mucho tiempo e hijos estaban a salvo de la seducción de la infidelidad. Entre los mensajes enviados, leía uno para un destinatario sin nombre: “Ponte ese perfume que me vuelve loco. Ya voy para allá”. Me hice mil posibles situaciones en la cabeza, devolví el teléfono y ni una palabra a nadie. Recuerdo que en esa casa, la señora decía que siempre que se mantuviese el amor y ella no tuviera que enterarse de nada, nunca existiría la certeza de que las pasiones de la carne no estuvieran manchando su hogar. -Ahora estoy segura de que ella era la tipa más sabia del mundo-.

Hoy, la gente me habla del amor para toda la vida, el destino y esas cosas que me parecen un escape fácil a la incertidumbre. La verdad es yo tengo fe en las hormonas. -Esa familia me lo demostró-.

Un día, mi mamá me dijo haberse encontrado a Rafael en uno de esos bares concurridos al cerrar las oficinas. Me comentó que la intimidaba con comentarios que pasaban de color, y que ella aplicaba frases evasivas para salvarse de esos ataques que se convertían en una declaración de guerra. No me extrañaría, años antes había conseguido ese mensaje delatador. Esa irreverencia me encantaba y eso me hacía sentir como toda una enferma. Tamaño conflicto para una adolescente insegura.

Cuando Andrea –mi amiga- cumplía 18, pasó. Yo creía que esas cosas en mi cabeza eran el producto de ver películas como Belleza Americana y pornografía durante muchos años. Luego entendí que somos tan animales como esos perros que pasan el día oliendo sus culos y fornicando sin ningún intento de pudor o tradición. Somos así: hambrientos, y entre cuerpos nos hacemos platos fuertes.

La cosa es que yo le organizaba una fiesta sorpresa a Andrea, y cuando pasé para arreglar la decoración, Rafael entró a la sala. Como de costumbre, me puse torpe; tumbé los vasos, me caí cuando recogía, me paré más torpe. Él se sentó a reírse mientras me mordía con la mirada y me invitó a sentarme a su lado. Este no era un señor particularmente apuesto, pero no era un cuerpo bonito lo que yo buscaba. Ese flaco, desgarbado, barbudo y cincuentón, no era alguien con quien yo quisiera hacer una descendencia. Sólo quería ponerme un perfume que lo volviera loco.

Esa tarde nos volvimos locos los dos y esto era el incesto en una nueva expresión. Claro, acá no había sangre que nos uniera, pero esa era mi segunda familia. Eran los señores cool que me daban la bienvenida a su casa cada vez que peleaba en la mía. Los que tenían costumbres new age, que tenían más instrumentos que discos. Era la casa de mis sueños y su forma de funcionar siempre me había fascinado.

 Lo que hacíamos se llamaba traición, pero ahí estaba el punto más delicioso de toda esta escena; reconocíamos que éramos ruines y lo celebrábamos. Por ese descaro me encantaba ese señor.

Hoy le dejo flores a Rafa y cada vez que lo hago, me gusta ponerme el perfume que le gustaba. La verdad es que no sé porqué sigo haciéndolo. Tampoco sé cómo pude seguir siendo siempre tan amiga de Andrea. Después de la visita, seguro iré a tomarme un café con ella. Hablaremos de nuestras parejas y yo sentiré que cuando me revolcaba con su papá, era tan libre como él. Lástima que yo sí me entregué a las ataduras de la vida sin ponerles ningún “pero”.

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Caramelo. De los ácidos/amargos y adictivos como el morbo.
futurejournalismproject:

Innocence Assassinated: Living in Mexico’s Drug War
fjp-latinamerica:

REPORTAGE, the photojournalism branch of Getty Images, is featuring  an astounding slideshow on Mexican violence through the lens of New York-based Katie Orlinsky, one of its most talented photographers. 
For Innocence Assassinated, in order to depict how locals deal with the rampaging narco-fueled bloodshed that overwhelms their communities day after day, Katie went on a breath-taking journey through the some of the most violent regions of Mexico, such as Ciudad Juárez, the Tamaulipas borderlands, the shores of Guerrero (including Acapulco), and the P’urhépecha plateau in central Michoacán. The resulting product is pretty impressive.
So, go ahead and make sure you turn on the captions. 
Image: A destroyed sign at the entrance of Ciudad Mier in Tamaulipas, México. Cover of Innocence Assassinated [PDF], via Reportage by GettyImages.

Caramelo. De los ácidos/amargos y adictivos como el morbo.

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For Innocence Assassinated, in order to depict how locals deal with the rampaging narco-fueled bloodshed that overwhelms their communities day after day, Katie went on a breath-taking journey through the some of the most violent regions of Mexico, such as Ciudad Juárez, the Tamaulipas borderlands, the shores of Guerrero (including Acapulco), and the P’urhépecha plateau in central Michoacán. The resulting product is pretty impressive.

So, go ahead and make sure you turn on the captions. 

Image: A destroyed sign at the entrance of Ciudad Mier in Tamaulipas, México. Cover of Innocence Assassinated [PDF], via Reportage by GettyImages.

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En las tierras de realismo mágico, lo interminado es la memoria importante. Los gigantes que se quedaron esperando.

granuja:

architectureofdoom:

Skeleton coast is a photo set by alexander apóstol. taken on the island of Margarita in Alexander’s native Venezuela. There was a construction boom at the end of the 80s, but an economic crisis left many half built hotels and apartment buildings abandoned.

Nación granuja. Gracias a Alexander, el prócer.

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Criminales

Brenda está sentada frente a la peinadora. Se pinta la boca una vez más —una de las mil veces que se ha pintado la boca en los últimos 15 minutos—. “Malditas manos que no paran de temblar”, piensa. La verdad es que le tiembla hasta la moral; está a punto de cometer un crimen. Pronto tendrá que buscar a su compañera de fechorías y siente que ésto se parece a esa película de ladrones con mala suerte -Reservoir Dogs-, que Alejandra le obligaba a ver el otro día. “En la vida entera jamás me he robado una pantaleta”. Las palabras se están escapando de su boca y ya se desespera por salir.

Otra vuelta más por el cuarto… ya ni sabe qué hacer para matar el tiempo. “Perfume, sí, no me he echado perfume”, y cuando dispara el primer rocío escucha: “Bueno, ¿pero es que tú mataste a alguien y lo están ocultando con flores, mujer?”. Ay, ese sería el fastidioso de Elías… “Búscate algo que hacer”, grita tratando de escapar de una voz temblorosa. 

-Yastá, no me importa si no es la hora, o salgo, o me vuelvo loca.

Tenía que buscar a Edna en lo que cayera la noche, pero el reloj apenas apuntaba las cuatro y media y el cuerpo ya le imponía salir. Tomó la cartera, una última revisión de peinado, agarró las llaves y al abrir la puerta, gritó: “No vayas a esperarme despierto, hoy dejo en carro en casa de los muchachos y ellos me traen”. “Como quieras”, recibió por respuesta. Un portazo de despedida. A veces Elías olvida la importancia de la delicadeza.

Ya no sabía porqué y cómo es que se había metido en esto. Maldecía su talento, su cara inexpresiva que le permitía engañar con facilidad. Maldecía estar tan nerviosa que sentía que toda esa habilidad desaparecería esa noche. “Yo estaba en el club, tranquila, todo bien hasta que llegó esa mujer”. Una elegante señora cuyo rostro escupía abolengo. Buena para marear con palabras y obtener lo que quisiera, “ya ni sé porqué acepté…”

No se dio cuenta que ya había llegado a Caurimare, casi quería dar más vueltas antes de llamar a su compañera. Todo lo hacía por automatismo. Normalmente estacionar sería un trabajo difícil, casi doloroso. Pero esta vez, los pensamientos podían más que la espantosa rutina.

Mil veces había hecho el mismo camino para buscarla, pero hoy emprenderían la aventura. 

-¿Qué pasa?, aún no es tiempo.

-Me estaba volviendo loca.

Si algo le gustaba de Edna, es que nunca fue de muchas preguntas. Aquí no se necesitaban las explicaciones y ella sabía que compartían el sentimiento. 

-Bueno, ¿subes y nos tomamos un té? Así me ayudas a inventar algo para decirle a Guillermo.

-Yo lo que quiero es un trago.

-¿Campari?

-Yo soy de Whisky, pero hoy te acepto hasta el agua de un florero, si tiene alcohol.

Entre trago y excusa, el tiempo pasó relativamente rápido. Ahora estaban las delincuentes de vuelta en el carro. Luces apagadas, sin decir palabra. Hasta que Edna rompió el silencio:

-Por favor, saca un par de cojones. ¿Tú no has sido la valiente siempre?

-Bueno, pero es que nunca hemos hecho nada por lo que podamos ir presas.

-¿Y tú crees que vas a ir presa por un poco de diversión?, ¿estás loca? En todo caso, los joden a ellos. Tú, tranquila, prende ese carro que vamos tarde.

Los nervios se convirtieron en emoción y al poco tiempo, en risa. Esto, definitivamente, era volver a la adolescencia. La casa era en Chuao, las coordenadas estaban escritas en una servilleta por la impecable caligrafía de la elegante señora.

-¿Tú recuerdas cómo fue que nos hicieron la propuesta?

-Estábamos sentadas en el club, aburridas y solas.

-Como es costumbre…

-Ella se sentó en nuestra mesa y ya lo demás… Ay, ¿qué importa?, ¿cuánto falta? Quiero ir al baño.

-Ajá, a ti también te traicionaron los nervios.

-Cállate y acelera.

Sentía el corazón latiendo a toda marcha, tanto que se creyó por morir. Finalmente llegaron.

-Ajá, ¿cómo es el santo y seña?

-Santo y seña… ¡chica! Tú como que de verdad te creíste el cuento de que somos Bonnie & Clyde.

Tocó la puerta tres veces seguidas, pausa, luego tres más.

-¿Estas viendo que sí hay una forma de tocar?

No había respondido cuando un mayordomo asomó su ojo por una pequeña ventana. Se abrió la puerta y un ambiente lúgubre las recibió. “¿Quién las convocó?, preguntó con una voz profunda. Para ese momento, ya Brenda sudaba frío. “La señora Elena…”

-Ah, la Madame. ¡Pasen!

Quizás no era así, pero Brenda se sentía en la presencia de “Largo”.

-¿Podemos dejar acá nuestros abrigos?

-¡Claro!, déjeme ayudarla.

Finalmente era el momento del encuentro. La verdad es que ya en este punto no importaba nada. Ya su sangre estaba fría y estaba dispuesta a todo. De ahí no se iba sin una buena suma de dinero.

Se sentaron en el living a esperar hasta que bajó esa menuda pero imponente y elegante figura. 

-¡Qué alegría que se animaron! Temía que nunca aparecieran.

Ya en el papel, Brenda se animó: “Nunca rechazaríamos una oferta como ésta”. 

-Pues, entonces, empecemos de una vez.

Cambiaron de cuarto, cada una tomó asiento y se repartieron las cartas.

-Un Whisky en las rocas.

Lo que siguió fue una larga noche de apuestas.

Sí, aunque vivimos en una ciudad en la que la tasa de muertes supera la de un país en guerra; en Venezuela, existen crímenes mucho más aburridos. Algo como las cartas y las apuestas.

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Muéstrame los dientes, que yo te susurro en Internet

Caracas es una ciudad que tiene la maldición de estar bendita. Un lugar cuyo clima y ubicación se prestaron a facilismos; a esa sabrosura que personas como Alex Capriles llaman “La Picardía del Venezolano”. La capacidad de achacarlo todo a un mal externo y no uno que radique en nosotros y nuestra falta de reconocimiento. Sí, Caracas, eres una adolescente esnobista. Una niña que, muchas veces, no tiene con qué comer, pero que viste trapos que bien podrían quedarle grandes. No te conoces, ni te exploras. Te llenas la boca con frases rotas que se hacen en la fragilidad de un instante para cambiar en otro. Te niegas a verte en un espejo y darte cuenta de tu mandibuleo, de tu maquillaje corrido, de que tu rostro aún está a medio hacer. Eres un desastre, pero tienes la belleza de la juventud de tu lado.

Acá, cual niñas de colegio, somos fáciles para la crítica; para establecer relaciones en las que todos nos convertimos en expertos. Hacemos del Internet nuestro medio y ahí colamos y depositamos cuanto queremos. Así como todos nos volvemos médicos expertos y sabemos a la perfección qué sucede con nuestro Presidente; también somos cineastas, sociólogos y psicólogos. Los medios electrónicos tienen el súper-poder de darnos hasta títulos nobiliarios si así lo queremos. Pero hay algo que no terminamos de entender: en esta trinchera, que hicimos del Internet, seguimos reflejándonos, caraqueños, venezolanos y amantes de lo provisional. Fáciles para críticas que poco cuestan, pero no para analizar una realidad que, para decepción de algunos, no llegará a ser tocada por nadie -a menos que se establezcan controles que aún no entendemos en Internet-.

Caracas es tan esnobista que prefirió hacerse de carreteras para que sus suburbios fuesen de difícil acceso. Tanto lo es Venezuela que tuvo por presidente a un señor de decidió convertirnos en una pequeña Francia. Tanto lo somos ahorita. que construimos un enorme mausoleo para honrar los gustos de un bolivariano por convicción, pero no tenemos un acondicionamiento de viviendas para nuestros ciudadanos. Sí, vivimos de apariencias y el Internet nos permite perpetuarlas. No podemos esperar que nuestra piel trigueña nos haga unos amazones por el hecho de tener la sangre latina. No podemos aterrorizarnos al darnos cuenta de que tenemos, incluso, más de una burguesía. Y así como no podemos seguir en esta negación, tampoco podemos dejar de entender que las redes, en las que tan libres nos sentimos, son un mero negocio.

Hace muchos años que entramos en la Matrix y las estadísticas demuestran que somos el país latinoamericano más adicto a poder de enmascaramiento de Internet. Adictos a Twitter, enfermos del Facebook y amos y señores de las cadenas de mensajes, correos y pines. Estamos todos conectados a esa realidad paralela en la que, más que nunca, somos presas de las empresas de publicidad. Pecar de ingenuo es ver el video de Absolut sin entender que no se promociona una fiesta, se te vende vodka. Que cuando se ve alguno de los llamados mamarrachos Fashion Films; no se vende la sola experiencia que ofrece el video, te venden ropa y una casa de diseño. Hay que entender que los bloggers se exponen para las marcas y las marcas quieren asociarse con la imagen que proyectan los bloggers. Hay que abrir los ojos y ver que al igual que en ese mundo, en el que tenemos carne y hueso, en Internet todo se mueve por dinero. Y esa fulana democracia perfecta que propone la red, no es más que una falsedad.

Sí, aquí hay monopolios, hay dioses que se crean a sí mismos y hay otros que se construyen de odio. Pero lo interesante del fenómeno es la poca competencia. Nos quejamos de las producciones que existen y usamos la excusa de que en Venezuela nos gusta lamernos los callos. Pero jamás se nos ocurre hacer más empresas, más videos y más propuestas. Acá jugamos a hablar sobre imperios formados y no intentamos desmontarlos con el mismo trabajo. No entendemos que esas economías extranjeras, que tanto adulamos, se forman con la libre competencia.

Somos tan malos en el juego que disponemos las piezas para que nos hagan un jaque: se habla de una producción mediocre y se desdice de esa clase media, aparentemente, plana en conocimientos. Palabras que pueden ser un golpecito en el el ego, pero que en términos de mercadeo no son más que un impulso por el cual dar las gracias. Escribir críticas tanto o más burdas que lo que se critica es aumentar la exposición. Hacer que quien vea los productos detestados, siga en contacto con las marcas que los alimentan.

Gracias, críticos graduados de Internet: han hecho de la viralidad un medio para el mantenimiento sostenido de ese esnobismo que tanto detestan. Y acá -como si se los susurrara al oído, suave-, quiero decirles que lo odian porque, como buenos adolescentes en un país de la misma edad, lo que tanto rechazan es que se están mirando en un espejo. (Eso sí, está un poco empañado, aunque no por eso hablan sólo de una superficie, que no ven en profundidad. Eso lo hacen porque siempre será más rico abrir la boca antes de pensar)

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Santo (ificados sean los nombres)


Hace tiempo que dejo acumular historias porque me falta tiempo, o porque no me inspiran lo suficiente como para parar el resto de mi rutina y escribirlas. Hace tiempo que prometí unas crónicas (muy distintas a este texto, pero que van de lo mismo) que nunca terminé de hacer. Aún tengo ganas de escribirlas, pero lo de santificarse me ordenó sentarme a teclear un ratico a ver si consigo redención.

Siempre que me propongo escribir sobre algún tema, tengo el problema de no saberle llegar al punto que cualquiera esperaría leer. A mí los ojos se me van para otro lado; así que no voy a hablar de talentos emergentes, o el enorme —y sé que fue enorme— trabajo que llevó hacer esta película.  A mí me interesa que así como Adela, Fer, Manu, Popi y quienes trabajaron aquí, a todos nos han encasquetado la imagen de un santo. Y, bien sea por la vía contraria, o por la que nos enseñaron, siempre los tendremos presentes en nuestras vidas. 

TC: Sí. Cada vez más. Pero aún no soy un santo. Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio. Claro que podría ser todas esas cosas dudosas y, no obstante, ser un santo. Pero aún no soy un santo; no, señor.

TC: Bueno, Roma no se construyó en un día. Vamos a dejarlo ya y a tratar de pegar un poco el ojo.

TC: Pero, antes, recemos una oración. Nuestra vieja oración. La que solíamos rezar cuando éramos muy pequeños y dormíamos en la misma cama con Sook y con Queenie, con las mantas apiladas encima de nosotros porque la casa era muy grande y muy fría.

TC: ¿Nuestra vieja oración? Muy bien.

TC y TC: Ahora me tumbo a dormir. Ruego al Señor mi alma guardar. Y si antes del despertar debiera morir, ruego al Señor mi alma llevar. Amén.

Truman Capote

Música para Camaleones.

Si de credos se tratase, el mío estaría alrededor de un genio alcohólico, drogadicto y homosexual. Sólo es así por saberse cerca de Dios con todos sus pecados. Así como Rasputin, este genio conseguía la redención en los excesos de cualquier placer. Capote —como cualquiera— se reconocía pecador, pero entendía que estar en paz con él, era estar cerca de la santidad. Por supuesto, habría que hacer del deseo algo más fervoroso para llegar.  

Hemos creado santos para todo, y es que todos queremos serlo un poco. Hay santos malandros para quienes esperan protección en las fechorías. Los hay médicos, músicos, mártires y hasta a Eva Perón la santificó Tomás Eloy Martínez. Puede que se deba a que, desde donde lo veamos, la vida, muchas veces, es martirio y soportarla nos redime. Al final, todos sabemos que podemos estar cerca, pero siempre decidiremos quedarnos como simples mortales.

Si pensamos que un ángel no nos desampara, el camino va mejor. Y, aunque a veces las palabras estén huecas, pensar: “No me dejes sólo que me perdería” es un alivio inmediato al desasosiego de hacerse un trecho en el camino. Yo me consuelo con pensar que entre amigos se consigue un poco de santidad. Con ellos se hacen esos viajes de descubrimiento en los que nos enfrentamos al hecho de que el camino no deja de ser solitario, pero tiene intervenciones que permiten apreciarlo mejor. 

Ir caminando y recordar la estupidez que hiciste hace dos años con alguno de tus mejores amigos. Reír como demente, sólo, pero con la sensación de la compañía de ese momento también nos puede santificar. Atreverse a ridiculizarse por la mera belleza de la diversión y presentarlo. Todo eso bien podría merecer una aureola y rayos de luz dentro de mi credo; porque en esa fe extraña lo que más vale son el par de palabras que se quedan en un transitar.

En mi credo, Capote es patrono; pero mis amigos son Santos y hacen películas para recordármelo.

“No me desampares ni de noche ni de día, no me dejes sólo que me perdería”. 

Amén

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Un partido en posición adelantada

A menos de una semana de la celebración de las elecciones presidenciales de Venezuela, una cosa que se cocinaba por fin toma forma. Después de la marcha del 29 de septiembre, se hizo evidente. El país, por cada costado del debate político, sufre de un síndrome de triunfalismo. Es una cosa que viene ligada a la polarización y pareciera que, para dar ánimo a cada bando, tanto oficialistas como opositores no paran de cantarse vencedores de la contienda que sucederá el siete de octubre.

 A medida que pasan los días, cada venezolano siente que hay más tensión; en el torrente sanguíneo hay una cosa que varía entre la euforia de la esperanza y el desánimo de estar frente a un abismo. La mayoría se siente enloquecer frente al “todo o nada” que representan estas elecciones y cuando avistan a un adversario, sobran las excusas para realizar cualquier tipo de provocación.

Se escucha “ese es chavista”, como si el pobre individuo tuviese alguna especie de enfermedad cuya naturaleza no permite que el mal sea mentado a viva voz. Es un susurro de chisme al que el otro responde con un “majunche ignorante”. Todo resulta en un absurdo de comiquita: el que es chavista, probablemente se hace la vista gorda y se ríe para sus adentros cuando entiende lo que los demás susurran. –No hay que ser muy genio para saber cuando dos miembros de la oposición se arrejuntan para fulminar con su mirada al insolente adepto al gobierno que se atreva a poner un pie frente a ellos-.

El caso de los oficialistas es igual, sino peor: ellos son expertos en tratar a sus adversarios de retrasados mentales, de negarse a escuchar sus palabras y de repetir un discurso sopotocientas veces antes de aceptar que sus “oponentes” tienen puntos certeros. Son expertos en provocación y tienen de respaldo 14 años de gobierno armado, para darle seguridad a sus argumentos. Al final, la cosa queda en una especie de Alien Vs. Predator.  La frase que más se escucha es un altanero “ya veremos que pasa después del siete” –seguido de un igualmente retador: “veremos”-. La verdad que se oculta detrás de sus veremos es que todos tenemos miedo.

Hay dos banderas y quien se decide a tomar una, sabe que no habrá máscara que tape su cara el ocho de octubre. Sabe que cuando salga a la calle y vea al del bando contrario celebrar, va a sentir hervir su sangre. Entiende que tendrá unas ganas incontenibles de llorar y que tendrá que ocultarlas detrás de una falsa sonrisa y un trago amargo.  Está seguro de que así nuestra querida Madame Tibisay salga –con su cada vez más terrible corte de pelo- a las 5 de la mañana, en la pantalla de televisión, para anunciar los resultados electorales, se escucharán en todo el país fuegos artificiales y gritos que apoyen a quien resulte electo.  En ese momento, quien no esté conforme con el resultado sentirá ganas de estar sordo por una noche. Lo sabemos: aquí se están jugando los sentimientos y eso aumenta la polarización.

Cada quien se aferra a lo que tiene para mantener la esperanza y es que cualquiera de las dos opciones implica un cambio radical. Sí, es cierto que si Hugo Chávez gana, continuará su proceso. Pero no será igual: se radicalizará y Venezuela, probablemente, caerá en un punto de no retorno. Quienes tengan las posibilidades, saldrán del país. Lo harán con las tablas por la cabeza y se enfrentarán a un mundo no mucho más amigable que Venezuela. Sólo podrán mantener la seguridad de no ser víctimas de la violencia que hunde a la nación. De resto, tendrán la certeza de que una calidad de vida como la que tienen acá, no existirá jamás en el exterior.

 Si por el contrario, gana Capriles; habrá, en primera instancia, que ver si la novedad no genera una reacción violenta en una población que Chávez –muy estratégicamente- ha armado hasta los dientes durante 14 años. Luego, será hora de trabajar frente a una oposición terrible y no habrá excusa de saboteo que valga. Habrá que entender que ese compañero rojo es ahora el opositor y que no por estar en el bando ganador, podrá uno reducir la existencia o el espacio que “el otro” se ha forjado a lo largo de los años. Ese será el interesante momento de reconocer al chavista, no como un retrasado mental, sino como otro ladrillo en la gran estructura que es Venezuela.

Aunque ambos bandos afirman que la batalla está ganada. Cada uno sabe que eso es sólo una forma de calmar las ansias propias y que la contienda que está por venir es complicada. El triunfalismo no es otra cosa más que una mera estrategia y a horas de conocer los resultados, se empiezan a ver los quiebres en la seguridad de cada semblante. Pero no es eso lo más grave, lo peor es el irritante hecho de pensar que somos una especie de niños en primaria que, al ganar, se pavonearán frente al otro para hacerle caer en cuenta de su estupidez. Así, ni sin Chávez ni con él.

Es cierto que, en algún punto, cualquier opositor pensará que hay que ser tonto para seguir apoyando a un gobierno que, con una increíble entrada de dinero, ha permitido que los niveles de delincuencia en Venezuela le ganaran título del “país más violento de Latinoamérica”. Pero habrá que verlo como un caso de enamoramiento.Es como esa ama de casa cuyo marido le golpea. Ella maquilla las magulladuras, se pone lentes de sol y sale a la calle diciendo que “aquí no ha pasado nada”. ¿Suena familiar la frase en el contexto venezolano?

 Cuando se está enamorado y se quiere mantener una familia, hay mil excusas para aceptar un golpe. No digo que no existan mujeres que, sencillamente, son mantenidas y prefieren mantener las apariencias antes de perder el mango bajito del dinero fácil. Pero, ¿cuántas mujeres no aceptan cientos de abusos bajo la creencia de que realmente son ellas las culpables de sus castigos?, creen que todo mejorará y prefieren aceptar e inventar mil excusas antes de aceptar que lo que viven no es real. A esas mujeres uno no las califica de tontas, lo hace de enamoradas y el amor –está comprobado- emboba a la gente.

 ¿Creen que Chávez engaña a alguien cuando convierte ciudades y pueblos en cuadernos de quinceañera? No, esos corazones se deben a que esto se trata de una verdadera relación de enamoramiento. Un amor que uno considera inverosímil, pero resulta que él es el marido abusador que necesita ese enamoramiento de pueblo y que la población –que ya sufrió muchos desamores antes de su salamería- no está dispuesta a dejar que las palabras bonitas se vayan tan fácilmente. Aceptarán los golpes siempre que puedan seguir oyendo las serenatas que da el presidente en la televisión. Así se sienten queridas.

Dicen que el amor con hambre no dura, pero es que todavía no le conocemos la cara a la verdadera hambre. Esa llegará si aceptamos la propuesta. Lo que tenemos encima es como la puerta al matrimonio, Chávez está pidiéndole la mano a Venezuela. Si se la conceden, el amorío será más intenso y, sin duda, aumentará la violencia doméstica. Pero eso no lo ve la mujer que siente que se le está pasando el tren. Lo que está en juego es una relación de tormentos que no se ha visto ni en la más dramática novela mexicana. Aquí besarán lisiadas, darán patadas Karatecas y lanzarán a varios por las escaleras.

Si los noveleros no culpan a la pobre ingenua de su tontería, tampoco pueden los opositores culpar a los oficialistas. Hay que tomar conciencia de lo que sucede y mostrar que hay más peces en el mar. Pero si el trato es de un absurdo triunfalismo previo; lo que nos conseguiremos el ocho –gane uno o gane otro-, será un gol en posición adelantada.  Tendremos un país de morisquetas. 

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